Me llamo Alejandro y soy de un pequeño pueblo de Extremadura, al oeste de España, pero vivo en Cáceres, en una de las capitales de mi región. Vine aquí para estudiar la carrera de Filología Hispánica y al final me quedé.
Mientras estudiaba, descubrí mi pasión por la cocina y, sobre todo, por la cocina del mundo. En clase, es muy útil porque a veces mis alumnos y yo nos pasamos recetas. Practicamos español y hacemos intercambio cultural.
Me encanta el cine, las series y los cómics. Me divierte descubrir cuáles son las preferencias de mis estudiantes. Creo que a través de estos gustos, podemos saber mucho de las personas y, además, se generan unos debates interesantísimos en clase.
Empecé a dar clases online con la pandemia. Ya llevaba varios años dando español de forma presencial, pero nunca lo había hecho virtual. Durante el confinamiento y el bloqueo de las fronteras, no teníamos otra alternativa, así que me lancé sin más.
Al principio pensé que no sería capaz de captar la atención de mis alumnos como en mis clases presenciales. Soy muy expresivo y uso prácticamente todo mi cuerpo para hacer llegar la información. Es una habilidad que me resulta muy útil, sobre todo con los niveles iniciales.
Cuando me enfrenté a mi primera clase online, pensé que la barrera de la pantalla me iba a impedir que pudiera usar todas mis habilidades al 100%, pero no fue así. Creo que mantengo toda mi expresividad o al menos eso es lo que me hacen sentir mis alumnos.
Al final he descubierto que me encanta dar clases online. A través de mis pizarras digitales, tengo toda la información a mano y, si a mi alumno le surge una duda sobre algún contenido que no teníamos programado para ese día, tengo todo mi material a golpe de un solo click.
Además, tengo la sensación de que, como estamos en nuestros propios lugares habituales, todo se vuelve más familiar, más cómodo. Esto les ayuda a mis alumnos a conectar de una forma más directa con el español y se sienten menos presionados para comunicarse.
Empatía. Quizás es una de mis habilidades más importantes. Se me da bien entender cuándo un alumno está teniendo dificultad con un contenido y, sobre todo, soy capaz de buscar la mejor forma para que llegue a él.
Implicación total. Mis alumnos se convierten en una prioridad para mí. Eso sí, también funciona porque todos los estudiantes que he tenido se han implicado tanto o más que yo.
Espacio seguro. En mis clases, mis alumnos tienen la libertad de expresarse y ser como son. Tengo una mente muy abierta, algo fundamental en la enseñanza de una lengua extranjera.
Pasión. Me encanta mi trabajo y siento que este rasgo cruza la pantalla. Mi entusiasmo es contagioso y se convierte en una herramienta motivacional.
Soy licenciado en Filología Hispánica por la universidad de Extremadura, donde también obtuve el Certificado de Aptitud Pedagógica, y me formé como profesor de español como lengua extranjera en la prestigiosa escuela Liceo Hispánico de Cáceres.
Mis grandes pasiones, la cocina y el cine, me ha llevado a escribir artículos en portales de recetas y críticas cinematográfica en una revista de mi ciudad.
Tengo una larga experiencia en clases presenciales y online. He enseñado en los dos formatos a alumnos individuales y a grupos de todos los niveles y edades. También he preparado el DELE y otros tipos de exámenes.